Hace ya unos años monté una empresa de educación para niños. El primer nombre que iba a  poner era “más inteligentes.com”.  Pero al final fue “Con Mas Futuro”. Me di cuenta de que el objetivo no era que los niños fueran más inteligentes. Lo que importaba es lo que conseguirían. En este caso, un futuro mejor.

Estaba equivocado.

Pensar así no sólo es traicionar el espíritu de la educación sino que, además: es un camino hacia el fracaso. Si nos preocupamos por el éxito académico, por las notas, por el fomento de las vocaciones científicas, por la productividad, porque nuestros hijos tengan un mejor futuro, estaremos condenando a nuestros hijos a fallar en esas metas.

Lo que importa es la poesía, el goce del descubrimiento.

Detrás de la ciencia y del saber hay belleza y los niños deben disfrutar desvelando sus secretos. Lo que importa es el camino. El aprendizaje debe ser como una maravillosa novela de misterio con asesinos y detectives. Pero el sistema educativo destruye ese proceso de descubrimiento entregando al niño el resultado final como un objeto muerto y sin interés. Les desvelamos el final de la novela, en vez de dejar que la lean ellos mismos. Sí, es cierto, reciben correctamente la información de quién es el asesino y como perpetró el asesinato. Pero, ¿a quién le interesa una ficha resumen? ¿Qué goce hay en eso? El aprendizaje debe ser como ese cortejo de aquel primer romántico que acaba en el descubrimiento del placer del sexo y del amor. Pero en muchas ocasiones la educación sustituye el romance por la satisfacción directa de los servicios de una prostituta.

Desde luego, yo espero que mis hijos consigan grandes cosas en su vida gracias a su educación. Pero irónicamente sólo lograremos que nuestros niños alcancen esas metas si nos olvidamos de ellas y nos centramos en que descubran el puro goce de caminar por ir haciendo camino. Lo que importa es la senda. Centrémonos en eso. Olvidémonos de las metas y las metas llegaran solas.

Galileo, Darwin, Newton. Todos ellos consiguieron gracias a la ciencia honor y gloria y una vida acomodada. En honor a Galileo, se erigió un sepulcro en la Santa Cruz de Florencia. Los cuerpos de Newton y Darwin descansan en la abadía de Westminster. Pero ninguno hizo lo que hizo pensando en los premios materiales o en la gloria. Al revés. Por defender sus ideas, Galileo puso en peligro su vida y enfrentó el encierro. Darwin sufrió burlas y descrédito. Newton puso en riesgo su vista presionando su globo ocular con un punzón para realizar experimentos que le ayudara a descubrir el funcionamiento de la óptica al deformar la curvatura de su retina. Desde luego, cuando Newton arriesgaba sus ojos no lo hacía pensando en los premios del éxito mundano y, mucho menos, por las notas, por un examen o por un título académico, que es la moneda con la que queremos pagar a nuestros hijos. Pobre moneda si queremos comprar con ella grandes logros.

Deja que te haga una pregunta un poco complicada. Por favor, imagina un folio con varios puntos pintados. Supón que uno de ellos es la tierra y el resto, las estrellas que nos rodean. En el mundo real, las observaciones de los telescopios dicen que la tierra se está alejando, a la vez, de todas las estrellas. Bien. Ahora, intenta mover el punto que representa la tierra en tu folio imaginario para que se separe a la vez de todas las estrellas. ¿Puedes? ¡Es imposible! Si intentas mover el punto de la tierra para alejarlo de unas estrellas inevitablemente lo acercarás a otras. Y sin embargo, las observaciones estelares no dejan lugar a dudas: mires a la región celeste que mires, nos alejamos de todas las estrellas a la vez. ¿Cuál puede ser la solución? Tal vez si imaginas los puntos pintados sobre la superficie de un globo tú mismo puedas dar con la respuesta. Con un razonamiento similar los cosmólogos pudieron demostrar que el universo está en expansión. Como tu globo si lo hinchas. Completar un rompecabezas semejante que explica cómo es el universo de apasionante. El premio está en el propio reto, en el propio rompecabezas.

Pero hay muchas más preguntas. Por ejemplo, ¿cómo puedes saber que las estrellas se alejan? Desde luego, no es porque se vayan haciendo más pequeñas. ¿Cómo es posible saber de qué están hechas cada una de las estrellas que vemos si nadie puede acercarse para tomar una muestra? ¿Cómo es posible que las estrellas ardan durante eones sin llegar a consumirse como una cerilla gastada? Hay retos para toda una vida, para una eternidad de vidas.

Pero no es necesario ir tan lejos ni a cosas tan grandes. Yo tengo también mis pequeños héroes domésticos en mis dos hijos. Hace apenas unos minutos he estado viendo en YouTube con mi hija un corte de una película con el discurso de Bruto interpretado por James Mason en el que justifica la muerte de Cesar. Luego hemos visto a Marlon Brando en el discurso de respuesta de Marco Antonio, el amigo de Cesar, escritos ambos por Shakespeare. Bruto se enfrenta a una horda de romanos enfurecida y dispuesta a lincharle por haber asesinado a su amado  Cesar. Al final del discurso le aclaman. Y te das cuenta de que no puede ser de otra manera.  ¿Cómo lo consigue? Pero es que a continuación es Marco Antonio quien habla a la muchedumbre. Y el pueblo cambia de opinión una vez más y se revuelve de nuevo contra Bruto. ¿Cómo lo hace? Tal vez mi hija haya aprendido algo sobre Cesar y la República. O sobre oratoria. O haya adquirido cultura general o haya descubierto a Shakespeare. Tal vez. Sin duda ver juntos ese video ha contribuido a su educación de alguna manera. Pero cuando lo hemos visto, no ha sido por nada de todo esto. Sinceramente, en el momento de verlo me importaba muy poco la oratoria o la cultura general. El único premio que buscaba al compartir ese vídeo con mi hija era el puro placer de verlo juntos y compartir algo maravilloso.

Si queremos una educación que alcance el éxito, debemos olvidarnos de los resultados y centrarnos en el proceso. Olvidarnos de las metas y centrarnos en el camino.

Richard Feynman fue uno de los grandes físicos del Siglo XX. David L. Goodstein en el prefacio de “Seis piezas fáciles” (Booket) de las Lecciones de física dictadas por Feynman, dice de él: “incluso antes de que su premio Nobel aumentara su notoriedad era más que simplemente famoso entre la comunidad científica: era legendario”. Pues bien, en sus memorias Feynman habla mucho de cómo le influyó la figura de su padre y la educación que recibió de él. En un momento determinado dice sobre el: “Así es como fui educado por mi padre. No había presión, sólo explicaciones amables e interesantes. Me han servido de motivación para el resto de mi vida. Y me han hecho interesarme por todas las ciencias. Lo mismo que alguien a quien se le ha dado de niño algo maravilloso y luego se pasa la vida buscándolo otra vez”.

El reto de la educación no es fomentar vocaciones científico-tecnológicas. Ni paliar el fracaso escolar. Ni conseguir mejores notas, más productividad, más éxito. El reto de la educación es olvidarse de todo eso y lograr que los niños “descubran algo maravilloso y se pasen toda la vida buscándolo. Si lo conseguimos el resto de premios llegarán solos.

Pensamos que podemos conseguirlo. Lo vamos a intentar. Lo estamos intentando. Te dirán que no es posible. Si lo es. Te invitamos a participar juntos en nuestra propia aventura de descubrimiento.